Los pecados de los Monitores de Reputación
Los Monitores Empresariales de Reputación Corporativa son instrumentos que evalúan la reputación de las empresas participantes testando la excelencia de las mismas mediante una metodología pública. Ante la proliferación, sin demasiado control, de este tipo de Monitores, los expertos están debatiendo ¿Quién evalúa al evaluador?
Recientemente, Justo Villafañe, Catedrático de la Universidad Complutense y director de MERCO, ha publicado un artículo que cuestiona el rigor metodológico de Global Reputation Pulse frente a MERCO. Afirma que “todos los monitores pecan de injusticia”, porque no todo es evaluable en términos de percepción o estadística. El rigor metodológico de cualquier evaluación no tiene que ver con la inteligencia del evaluador sino con los recursos que emplee para evaluar.
¿Cómo andan los monitores de recursos?
Hasta ahí de acuerdo, no voy a entrar a evaluar si los recursos que emplea Global Reputation Pulse son más rigurosos que los de MERCO. Voy a formular una pregunta a los dos, y a todo aquel que pueda aportar algo más a este debate…
¿Por qué este tipo de monitores reputados no incluye la opinión del usuario… en los medios sociales? ¿Pensáis que un mismo usuario se comporta igual de forma individualizada en una encuesta telefónica que con su “círculo social” en redes sociales o en plataformas multimedia como blogs o foros, donde es un anónimo?
A mi me parecen tres puntos de vista diferentes los que una persona puede mostrar, según en qué medio se le esté preguntado: “voz a voz”, a través de su escaparate social, o como “anónimo total”. Ayer decía un amigo que los humanos “estamos mal hechos”. Los humanos 2.0, si es que nos queda algo “netamente humano” todavía estamos peor hechos.
En mi opinión, para que un monitor siga siendo excelente y creíble, debería incorporar a su metodología las redes sociales como fuente de información. ¿Y si el futuro de la empresa acabara pasando por los medios sociales? Nos estaríamos perdiendo mucho.
Autor: Marta Albaladejo Díaz
Fuente: Justo Villafañe, Revista Portafolio, 11 octubre 2011.











